LA CENA DEL SEÑOR La Cena del Señor no es simplemente un acto religioso. Es un momento solemne de memoria, comunión, gratitud, examen personal y proclamación del evangelio. 1. Lectura bíblica — 1 Corintios 11:23-26 “Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga La Cena nos lleva primeramente a Cristo. Recordamos que nuestro Señor tomó nuestro lugar. Su cuerpo fue entregado y su sangre fue derramada por nosotros. No venimos a la mesa diciendo: “Soy digno porque no he fallado.” Venimos reconociendo: “Necesito la gracia de Cristo.” La cruz nos recuerda la gravedad de nuestro pecado, pero también nos revela la grandeza del amor de Dios. Por eso, al participar de la Cena, debemos hacerlo con reverencia, gratitud y fe. 1. Tiempo de examen personal La Escritura continúa diciendo: “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.” 1 Corintios 11:28 Hermanos, vamos a examinarnos delante de Dios. Preguntémonos: * ¿Estoy caminando en comunión con Cristo? * ¿Hay algún pecado que necesito confesar? * ¿Hay falta de perdón en mi corazón? * ¿Estoy viviendo deliberadamente en desobediencia a Dios? * ¿Necesito reconciliarme con alguien? * ¿Estoy tomando este momento con reverencia? No es momento de mirar al hermano que está al lado. Es momento de mirar nuestro propio corazón delante de Dios. El pan nos recuerda el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, entregado por cada uno de nosotros. La copa nos recuerda la sangre de Cristo derramada por nosotros y el nuevo pacto establecido por medio de Él. Que lo que hemos celebrado hoy no quede solamente en este momento, sino que transforme nuestra manera de vivir. Ayúdanos a recordar diariamente el sacrificio de Cristo, a caminar en santidad, a amar a nuestros hermanos, a perdonar, a servir y a anunciar el evangelio. Que nuestra vida sea una proclamación de que Jesucristo murió, resucitó y volverá. En el nombre de Jesús.
